Texto Narrativo
Ricos y Pobres
Era una fría mañana de invierno y un viento glacial paseaba por las calles. Martín, un joven de 20 años, con el pelo castaño y los ojos de un color verde intenso pero sutil, se despertó sobresaltado. Él no era ni muy pobre ni muy rico, tenía lo justo para poder vivir en un apartamento con algo de comida y una cama donde dormir. Esa mañana, un golpe brusco y sonoro le despertó de un salto. Cuando miró hacia la dirección de dónde provenía el ruido, vio a una paloma que al parecer se había colado por la ventana y había tirado sin querer un jarrón que contenía algunas plantas secas. Martín cogió un palo de escoba y echó a la paloma por donde había entrado. Tras este incidente miró la hora en su reloj que había encontrado en la calle y se percató de que se había quedado dormido; rápidamente se vistió, cogió un par de galletas y salió corriendo hacia su trabajo.
En cuanto a su familia, Martín no se hablaba con ellos desde hacía varios años por un incidente relacionado con el dinero. Su familia tenía mucho dinero que derrochaba mientras muchas personas se amontonaban en las calles para conseguir algo que llevarse a la boca. Martín no aguantaba esta situación y exigió que repartieran algunas de sus riquezas con la gente que no tenía donde dormir, al recibir una respuesta negativa él amenazó con irse de casa y así fue. Ahora vivía solo y para poder pagar su alquiler trabajaba en un bar muy famoso en el que solía ir a parar todo tipo de gente de aquella ciudad, cuyo nombre no es relevante.
Aquel día llegó cinco minutos más tarde de lo que debía y al llegar el dueño de aquel lugar le estaba esperando en la puerta. El dueño se llamaba Trebor y siempre que podía aprovechaba para poder echarle una bronca al pobre Martín y amenazarle con despedirle. Esta vez no fue diferente, tras unos minutos de gritos, que para Martín fueron eternos, y otra amenaza de despedirle la próxima vez que llegase tarde, entró al bar. Había unas 20 personas: nueve borrachos habituales, dos hombres y una mujer que querían pasar desapercibidos, dos policías que paraban a hacer un descanso y cinco banqueros que celebraban alguno de sus logros con el champán más caro. Detrás de la barra se encontraba Dulce, la mujer de Trebor, guapa, con el cabello de color rubio y, al contrario que su marido, amable y humilde. Martín estaba enamorado locamente de Dulce a pesar de que esta siempre pasaba de él. Él recogió los vasos de los cinco banqueros y al hacerlo, uno de ellos un poco borracho, al ver las ropas sucias que él llevaba, le dijo lo siguiente:
- Por gente como tu esta ciudad va tan mal, los pobres como tú deberíais iros a algún lugar donde nadie os vuelva a ver. - dijo sonriendo maliciosamente.
Martín, ya acostumbrado a los ricos borrachos como él, no dijo palabra y se dirigió a la barra a dejar los vasos.
- ¡Hey! ¿Crees que puedes pasar de mí? ¿Sabes quién soy? - dijo el mismo de antes.
- No - respondió humildemente Martín.
- Soy Silvestre Booman, el sexto hombre más rico de todo el país. Trátame con respeto o lo pagarás caro. - dijo el banquero intentando intimidar al joven camarero.
- Lo siento si le he ofendido - respondió Martín agachando la cabeza.
Tras esto volvió a la barra y se puso a limpiar algunos platos. Dulce se le acercó y le susurró al oído.
- No deberías dejar que te traten así, los ricos ya se creen superiores al resto, no hace falta que les llenes más el ego - susurró indignada y se fue a recoger unos platos.
Tras esto, Martín, como cualquier enamorado, quiso sorprender a su amada, así que se acercó a la mesa de Silvestre y le dio un puñetazo en la cara que le dejó en el suelo inconsciente. Los otros cuatro banqueros se levantaron atónitos y llamaron a los policías mencionados antes. Martín salió corriendo del bar y se escondió detrás de una esquina mientras que los policías pasaban de largo. Trebor echó a todos los clientes del bar y fue a ayudar a Silvestre, este se incorporó un poco mareado y se fue junto con sus acompañantes maldiciendo todo y diciéndole a Trebor que se fuera despidiendo de seguir trabajando en su local. Él se quedo sin palabras y lo único que pudo hacer fue dejarse caer sobre una silla y maldecir al joven camarero. Este entró en la taberna y se quedó mirando fijamente a Dulce. Durante todo este tiempo Dulce no había salido de la barra y cuando Martín golpeó al banquero ella se quedó maravillada hasta el punto que al huir este de los policías no pudo evitar pedir que no le consiguiesen coger y cuando le vio entrar sano y salvo sintió el deseo de abrazarle pero se contuvo.
Trebor se dirigió hacia él con los puños cerrados y en tensión y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca le golpeó con el triple de fuerza con la que él había golpeado al banquero. Martín se desplomó en el suelo y Trebor se fue en dirección a la cocina un poco más calmado. En cuanto despareció , Dulce corrió a ayudar a Martín. Este miró fijamente sus ojos azules y ella sus ojos verdes y como sin darse cuenta se acabaron besando.
Durante las siguientes semanas pasaron mucho tiempo juntos y fueron amantes, aunque como la taberna de Trebor había sido cerrada por una denuncia de Silvestre, Dulce tenía que buscarse excusas para poder salir y verse con Martín. Él tuvo que pagar una cantidad de dinero a Silvestre por los daños causados y esto hizo que quedara prácticamente pobre. Ningún bar le quería contratar al escuchar lo que le había pasado a Trebor y tras varias discusiones con su casero, que no le daba más días para pagar su deuda, Martín se quedó en la calle. Dulce le decía que pidiera ayuda a su familia pero él se negó cada una de las veces. Tras varios días sin un sitio en el que dormir y sin comida en buen estado Martín empezó a empeorar su salud y su apariencia. Dulce, una mujer que no era rica pero que nunca había conocido la pobreza, no pudo continuar con alguien en ese estado y acabó dejando a Martín. Él, triste, pobre, habiendo perdido a su amada y sin sitio donde dormir, siguió vagando por las calles en busca de trabajo y comida... Días más tarde la madre de Martín recibió una llamada diciendo que su hijo había sido encontrado muerto entre basura sin dinero ni comida. Ella, horrorizada, dejó caer el teléfono y empezó a llorar, mojando con sus lágrimas su reloj de oro con trazos de platino de la marca Rolex.
-entre calles y Martín punto y seguido
ResponderEliminar-después de "dormido" punto y coma
-después de "mucho" falta "dinero"
- los números inferiores a diez mejor en letra
-...Dulce, la mujer de Trebor, guapa, con el cabello de color rubio y, al contrario que su marido, amable y humilde.
-cambiar el Martín de antes de "recogió" por un pronombre por ejemplo
- el dijo de después del guion en minúscula
-después de Martín coma ("Martín, ya acostumbrado..)
-susurró indignada MIENTRAS SE IBA a recoger...
-después de "tras esto", coma
-después de amada, "así que"
-"de seguir TRABAJANDO en su local"
-después de barra "y" en lugar de coma
-"maravillada HASTA TAL PUNTO QUE al huir este de los policías..."
Por lo demás... ¡muy bien! :)